Secretaría de Salud
Misión
El Objetivo de la Secretaría de Salud es
contribuir a un desarrollo humano justo, incluyente y sustentable,
mediante la promoción de la salud como objetivo social compartido
y el acceso universal a servicios integrales y de alta calidad que
satisfagan las necesidades y respondan a las expectativas de la
población, al tiempo que ofrecen oportunidades de avance
profesional a los prestadores, en el marco de un financiamiento
equitativo, un uso honesto, transparente y eficiente de los recursos,
y una
amplia participación ciudadana.
Visión
En conformidad con los valores y principios descritos:
El Programa Nacional de Salud 2001-2006 anticipa
la conformación de un sistema de salud universal, equitativo,
solidario, plural, eficiente, de alta calidad, anticipatorio, descentralizado,
participativo y vinculado al desarrollo.
En el año 2025 todo mexicano tendrá
acceso a un seguro de salud, independientemente de su capacidad
de pago, su nivel de riesgo o su filiación laboral. Este
seguro, a su vez, le garantizará el acceso a servicios bajo
un modelo integrado de atención a la salud.
En la búsqueda de mejores condiciones
de salud para todos los mexicanos, se atenderán de manera
preferencial las necesidades de los grupos más vulnerables,
con el objetivo explícito de reducir lo más posible
las brechas en salud que pudieran existir entre los diferentes subgrupos
de la población.
Las contribuciones al sistema de salud serán
proporcionales a la capacidad de pago, y los beneficios se distribuirán
atendiendo principalmente a las necesidades de la población.
Este proceso lo facilitará la acumulación de los recursos
financieros en fondos predominantemente públicos. Los seguros
privados, en este escenario, jugarán un papel complementario.
Al igual que en casi todos los países desarrollados,
habrá una oferta plural de prestadores de servicios de salud,
y el usuario, en el primer nivel de atención, tendrá
el derecho de elegir al prestador de su preferencia.
En materia de salud las necesidades son siempre
mayores que los recursos. En vista de esto, el sistema mexicano
de salud promoverá el uso eficiente de estos últimos.
Para garantizar esto se contará con mecanismos de planeación,
se definirán prioridades
y se favorecerá el uso de intervenciones de bajo costo y
alta efectividad.
Los servicios públicos y privados que se ofrecerán
serán de alta calidad técnica y deberán satisfacer
las expectativas de los usuarios. Los habrán de proporcionar
prestadores bien capacitados que harán uso de intervenciones
basadas en evidencias científicas.
Estos servicios, además, se proveerán en ambientes
dignos y bajo una cultura institucional que promueva el desarrollo
profesional de los prestadores, la satisfacción de los usuarios
y el respeto a los derechos humanos, incluyendo el derecho a la
información.
El sistema en su conjunto se organizará
para anticiparse a las necesidades de salud en todas las esferas
en que se requiera: capacitación de recursos humanos, desarrollo
de equipamiento e infraestructura, movilización de recursos
financieros y concertación intersectorial, entre otras.
La descentralización hasta el nivel municipal
será la norma. Los recursos y las decisiones estarán
ubicados en las instancias locales de operación de los servicios
personales y no personales de salud. Al mismo tiempo, se estimulará
la cooperación entre las entidades federativas para el logro
de los objetivos compartidos. El financiamiento será solidario
en el nivel nacional. El pacto federal se expresará en la
rectoría del sistema, que ofrecerá una normatividad
común en favor de la equidad, la calidad y la eficiencia.
En suma, el sistema de salud estará basado en un federalismo
cooperativo.
Los ciudadanos, de manera individual o en forma
organizada, estarán involucrados en todas las decisiones
que afecten su salud: representados en los cuerpos directivos de
las unidades de salud; participando en los foros de discusión
del sector; sumando inquietudes a las agendas estatales y nacionales
de salud; opinando sobre las grandes decisiones de políticas.
Además, contarán con acceso a la información
pública y con instancias sensibles y eficientes para la presentación
de quejas y sugerencias.
El sistema de salud estará estrechamente
vinculado a otros sectores afines (desarrollo social, educación,
ambiente, seguridad). Con ellos se implantarán de manera
creciente políticas integrales dirigidas a mejorar el bienestar
de la población.
Por último, el tema de la salud será,
como lo es actualmente en los países desarrollados, un tema
de alta relevancia en la agenda política. En consecuencia,
el sistema nacional de salud será uno de los sectores más
analizados pero también más apreciados por la ciudadanía.
Las familias mexicanas se podrán sentir orgullosas de un
sistema de salud que, con base en la excelencia de sus profesionales
y la cobertura universal de la población -principal elemento
redistribuidor de oportunidades y ejemplo de cohesión social-,
respetará sus derechos, resolverá sus problemas de
salud y proporcionará seguridad, buena calidad técnica
y trato personalizado.
Valores y principios del Sistema Nacional de Salud
Todos los sistema de salud se diseñan, construyen
y desarrollan sobre supuestos éticos:
valores, principios o cualidades consideradas como deseables o dignas
de perseguirse.
Los mexicanos, entonces, debemos empezar por preguntarnos qué
valores y principios deseamos que sustenten a nuestro sistema de
salud.
En consonancia con su propósito central
de democratizar la atención de la salud, el Programa Nacional
de Salud 2001-2006 conformará un sistema de salud guiado
por los siguientes valores: justicia, autonomía y corresponsabilidad
social.
En un país de contrastes tan profundos,
el sistema de salud debe constituirse en una instancia en donde
impere la justicia en sus dos acepciones básicas: garantía
de un trato semejante ante necesidades semejantes y búsqueda
permanente de una mejor distribución de recursos y oportunidades.
Dado el carácter tan íntimo que el
proceso salud-enfermedad adquiere en sus manifestaciones individuales,
nuestro sistema de salud debe garantizar también la autonomía
de las personas, entendida ésta como la libertad para elegir
de manera informada lo que a uno más le conviene.
Finalmente, es necesario reconocer que toda libertad
tiene límites y, por lo tanto, conlleva responsabilidades.
En el caso de las enfermedades infecciosas, por ejemplo, la libertad
de los individuos está restringida por la obligación
de no contagiar a los demás.
Por otra parte, el carácter casi siempre involuntario de
las pérdidas de salud impone a los que están sanos
la obligación moral de cuidar de los enfermos.Estos valores,
a su vez, tomarán cuerpo en los tres principios rectores
del sistema mexicano de salud: ciudadanía, solidaridad y
pluralismo.
El principio de ciudadanía reconoce la protección
de la salud como un derecho de todos, exige la definición
precisa de los beneficios que este derecho implica, y demanda el
diseño y puesta en operación de mecanismos para hacerlo
valer (rendición de cuentas, instancias para la vigilancia
y corrección de las faltas profesionales y administrativas,
acceso a la información). La protección de la salud
deja de ser una mercancía, un privilegio o un objeto de asistencia
para constituirse en un derecho social. Los servicios de salud,
así vistos, ayudan a que cada generación entre a la
vida con oportunidades similares: a que haya en la sociedad un arranque
parejo.
Para poder llevar a la práctica este principio
de ciudadanía en el campo de la salud es necesario compartir
la responsabilidad de la atención de los grupos más
vulnerables. Al principio de ciudadanía se sumará,
por lo tanto, como segundo principio rector, la solidaridad: que
los que cuentan con mayores recursos se solidaricen con los que
menos tienen. Así se dará paso a un sistema de salud
en el que la contribución será proporcional a la capacidad
de pago, y los beneficios, proporcionales a las necesidades.
Pero la solidaridad no se detendrá allí.
Los sanos habrán de solidarizarse con los enfermos y los
jóvenes con los niños y los adultos mayores. Como
todos habremos de enfermar y envejecer en algún momento,
este tipo de solidaridad resulta esencialmente justa, pues implica
que la totalidad de los miembros de la sociedad se beneficiarán
eventualmente de ella.
Por último, el sistema mexicano de salud
debe también ofrecer opciones a los usuarios, sobre todo
en el primer nivel de atención. Dado el carácter tan
personal de la relación médico-paciente, los usuarios
de los servicios deben tener la posibilidad de ejercer su derecho
a elegir a quien se hará cargo de su salud y la de su familia.
Esta libertad tiene la ventaja adicional de generar una sana competencia
que incide positivamente en la calidad de la atención.
Fuente: Secretaría de Salud, SSA
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